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Javier Mojarro RosasNorma Jeane Mortenson, o Norma Jeane Baker, conocida mundialmente como Marilyn Monroe, fue una de las artistas más influyentes e icónicas del Hollywood de los años cincuenta, cuyo legado continúa vigente debido a su carisma, gran personalidad, talento y también al agridulce trayecto de vida que concluyó con una repentina y prematura partida a los 36 años, ha sido prácticamente imposible que sus memorias se desvanezcan con el paso del tiempo o que otra artista ocupe el espacio del que se apoderó en la historia de la industria cinematográfica internacional.
Una obra de vida así resulta tentadora como base de inspiración artística tanto en la literatura como en el cine, sin embargo, a la fecha, son contadas las adaptaciones que se han llevado a cabo alrededor de la historia de la musa hollywoodense por la cantidad de información privada de la que no se tiene certeza, siendo Blonde del director Andrew Dominik, el último intento de contar una versión a través de un ángulo y bajo una óptica un tanto cuestionable.
Es importante contextualizar la película biográfica está basada en la aclamada novela no autorizada del mismo nombre, de la escritora Joyce Carol Oates, una obra literaria que, de inicio, refleja conclusiones y suposiciones de la autora respecto a la vida de la estrella de cine, libertades artísticas tomadas para generar un punto de vista muy particular de la escritora, un juicio de valor construido con la intención de ofrecer un producto de entretenimiento alrededor del mito y la fantasía sobre el éxito destructivo de Monroe que resulte consumible, redituable, y que al mismo tiempo y, convenientemente, continúe alimentándolo.
Ahora bien, este material con tintes biográficos y de ficción, en manos del cineasta Dominik, adquiere inicialmente una sensación de crítica y reivindicación; la primera hacia la industria cinematográfica frente a la hipersexualización de la artista por parte de productores, directores, colegas actores, publicistas y la clase alta en general, que encontró en Marilyn a la candidata perfecta para vender sensualidad, fogosidad, excitación y placer, principalmente al público masculino, haciendo a un lado a la persona, sus valores, real identidad, opinión y por supuesto, talento y gran capacidad histriónica. En otras palabras, el director lanza un reclamo a Hollywood por haber invisibilizado a la artista mientras hipersexualizaba al personaje; sin embargo, en cuanto a la segunda consigna de la película, la reivindicación que debiera hacerse respecto a Monroe exponiendo y resaltando en primer plano sus grandes logros, méritos, valentía como mujer para abrirse paso en un mundo y una industria de hombres superando sus propias inseguridades, capacidad de reinventarse y salir del molde estereotipado de la rubia tonta, nunca llega, o al menos no se percibe durante el metraje, omisión que deja un mal sabor de boca en las personas espectadoras ante la dura exposición gráfica y visual de los acontecimientos cometidos por la industria cinematográfica y la política patriarcal en contra de la actriz, consistentes en agresiones físicas, psicológicas y violencia de carácter sexual, aunado al trato machista y discriminatorio tanto en el ámbito privado y romántico con sus parejas, como en lo público y laboral, mediante brechas salariales en relación con sus coprotagonistas y el encasillamiento, incluso en el teatro, en papeles cargados de estereotipos de género.
Ante esto, es inevitable que la supuesta reivindicación de la estrella buscada por el director haya terminado en su grave revictimización, producida además con lujo de detalle mediante una arriesgada y sugestiva cinematografía, compuesta por tomas que rayan en el soft porn y encuadres al cuerpo, muchas veces desnudo y sin una justificación conceptual de Ana de Armas, quien por cierto, interpreta majestuosamente a la celebridad. Incluso hay una inexplicable toma desde dentro del útero de la protagonista donde se observa la práctica de un aborto.
Si recordamos que la película se encuentra basada en una novela que cuenta una versión semi inventada sobre la vida de Marilyn, ¿será válido creer que entonces la cinta refleja únicamente la muy particular y retorcida visión del cineasta sobre la vida y obra de la artista que pretendía salvar? De ser así, es importante responsabilizarle de ello, de beneficiarse del espectáculo corporal que aparentemente critica, de haber convertido una biopic en una película de horror, al peor estilo de David Lynch, y de su inminente fracaso posterior, porque los datos comprobados, ciertos y documentados de la vida de Monroe, tales como el Globo de Oro que ganó en 1959 por la película Some Like it Hot, o la casa productora que fundó en 1954 para poder filmar sus propias películas sin que los grandes estudios le dictaran y obligaran cuáles rodar, o su sometimiento al estudio de la actuación de método con el mismísimo maestro y pilar histriónico Lee Strasberg, no aparecen en la cinta, deliberadamente no son contados, siendo momentos que hubieran podido balancear su tragedia y, más importante aún, hubieran honrado la memoria de una gran artista, que ciertamente sufrió, pero que merece más que nuestra simple lástima. Una obra que pudo reivindicar a esa importante mujer y terminó ingresando al cúmulo de productos que lucran con la exhibición del género femenino.

Javier Mojarro Rosas
Javier Mojarro Rosas, es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y candidato a titulación de la Maestría en Estudios Electorales por la Universidad Nacional de San Martín de Buenos Aires, Argentina. Cuenta con un diplomado en derecho electoral y diversos cursos de actualización en la materia, así como en apreciación cinematográfica, impartidos principalmente, por la Escuela Judicial Electoral del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la Universidad Autónoma de Aguascalientes, respectivamente. Ha colaborado como editorialista invitado de la revista Apolo MX, Aguascalientes, en columnas de contenido político-electoral. Desde el pasado veintiséis de octubre de dos mil veintiuno, se desempeña como consejero electoral del Consejo General del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes.