Análisis Jurídico
Blanca Janeth Hernández LuévanoIntroducción
La pandemia COVID-19 dejó en la juventud un sinfín de consecuencias negativas, de acuerdo con la Secretaría de Salud y el estudio realizado por el Population Council de México titulado “VoCes-19”, gran parte de la población de 15 a 24 años mostró cuadros de ansiedad y depresión. En este marco social, del total de jóvenes evaluados ⸺de acuerdo con información de la Secretaria de Salud con datos de 2021⸺ un 43% sufrió algún tipo de violencia y 42 % abandonó sus estudios. Es conveniente destacar que estos indicadores fueron obtenidos el año inmediato cuando se levantó la cuarentena, sin embargo, con el regreso a clases y la reincorporación a las actividades de manera presencial aumentaron las necesidades de la población.
Es por ello que resulta necesario repensar los actuales mecanismos de participación ciudadana, cuestionándonos sobre la necesidad de incorporar nuevas instancias que participen en la evaluación de los problemas de estos sectores, además de los medios tecnológicos en los que pueden ser difundidos. Es conveniente educar a nuestros jóvenes hacia una cultura política más participativa, por medio de su incorporación en la elaboración, implementación y evaluación de políticas públicas (Caldera Ortega, 2012).
En este texto se exponen algunos de los efectos de la emergencia sanitaria y la globalización en los jóvenes, la importancia de la participación de los mismos dentro de la democracia, así como la necesidad desde las instancias electorales, de crear estrategias de participación que sumen al logro de sus metas.
Jóvenes progresivos
La pandemia COVID-19 tuvo un gran impacto en la juventud, afectando todos los ámbitos de su vida: educativo, familiar, psicológico, físico, económico, etcétera. De acuerdo con información del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la pandemia puso en riesgo la salud mental de niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe. Según cifras obtenidas por el mismo organismo internacional en 2021, cada día más de 10 adolescentes fallecieron por suicidio en América Latina y el Caribe, es decir sumados al resto de la población joven, se arroja la lamentable pérdida de 4 200 jóvenes por año. Estos datos sólo son indicadores de salud mental, pero si ahondamos en los otros aspectos de las vidas juveniles, los daños son progresivos y graduales, daños cuyas lesiones son imposibles de sanar en dos años. Ante eso inesperadamente vivido, las juventudes requieren expresar sus inquietudes y problemas y necesitan que se escuchen. Lo que las y los jóvenes soñaban en enero de 2019, cambió radicalmente por la pandemia, este periodo fue crítico y transformador, es por ello que se necesitan nuevas maneras de conocer e interactuar con sus percepciones actuales.
Ahora bien, esta cosmovisión juvenil en el contexto actual, nos obliga a transitar por el concepto de globalización, ésta puede ser entendida como una compleja red de interconexiones e interdependencias en donde existe un continuo flujo económico, político y cultural entre naciones (Fernández Huerta, 2012). Dichos flujos han generado un multiculturalismo que ha sobrepasado los territorios nacionales en los que los y las jóvenes son constructores de identidades con sus inherentes incertidumbres. Es imprescindible entender a la juventud desde sus diferentes esferas y diferentes culturas (Macasii L, 2002), en cuanto constructores y constructo de la modernidad.
Otro de los elementos a considerar en este panorama, son las redes sociales que desde hace un par de décadas son parte de nuestra cotidianidad, las infancias nacen sabiendo que existen herramientas donde pueden ir más allá de lo territorial, ahora comparan y conocen su realidad y otras realidades por medio de estos y otros medios digitales. Por ello es definitivamente importante incorporar la tecnología como mecanismo esencial para establecer la relación gobierno-jóvenes. Las redes sociales deben fungir como recolectoras y evaluadoras al alcance de la juventud.
Jóvenes participativos
En las democracias representativas, como es el caso de la nuestra, se asocia la participación con el mero hecho del ejercicio el voto, sin embargo, cabe señalar que una democracia va más allá de las urnas, deben existir los mecanismos en donde la ciudadanía pueda participar, pero ¿qué tan accesibles para la juventud son estos instrumentos tradicionales? Los jóvenes son cada vez más conscientes de sus derechos y obligaciones cívicas, si bien adquieren plenamente su ciudadanía hasta los 18 años, durante su desarrollo son miembros de una comunidad y como tales, deben participar en el desarrollo de la misma (Fernández Huerta, 2012).
Actualmente gran parte de las políticas estatales y proyectos están dirigidos al sector joven de la sociedad, es decir, a aquellos que cursan la educación básica, media y superior. Sin embargo, no porque estén dirigidos hacia este sector, significa que estos hayan incidido en la formulación de la política.
Una de las labores primordiales de los diversos organismos electorales es indudablemente, el trabajo enfocado a la participación ciudadana, aquí resulta útil recurrir a la etimología del término participación: derivado del latín participatio, la participación es entendida como “ser parte” y solo se puede ser parte donde hay una organización que abarca por lo menos a dos personas (Merino, 2016). En Aguascalientes existen ocho mecanismos de participación ciudadana ⸺plebiscito, referéndum, iniciativa ciudadana, consulta de la revocación de mandato, presupuesto participativo, cabildo abierto, consulta ciudadana y comités ciudadanos⸺, sin embargo, suelen ser bastante restrictivos en cuanto a su petición. Conscientes de lo complicado que puede llegar a ser la solicitud de los mismos, es entendible que solo puedan ser pedidos por ciudadanos inscritos en el padrón electoral, sin embargo, ¿qué sucede con los jóvenes que quieren informar su opinión respecto a un ámbito gubernamental? La participación democrática no se ejerce solamente en las urnas, sino que se ha desdoblado en una variedad de relaciones, formada por intercambios recíprocos entre las autoridades formales y los ciudadanos organizados (Merino, 2016), debe haber una ampliación del espacio público hacia los diferentes actores no gubernamentales, impulsando el asociacionismo, creando redes para llegar incluso a los sectores no organizados y fomentando la educación democrática y participativa desde las instituciones, el sistema educativo y los medios de comunicación (Caldera Ortega, 2012, pág. 164). Es necesario repensar sobre quienes son realmente los beneficiarios de los proyectos sociales y sobre quienes reamente se han involucrado en su construcción.
Conclusión
Comúnmente las políticas públicas sufren diversas modificaciones debido a que en la evaluación, los sectores a los que iba dirigida por fin toman parte en la discusión e informan que no ha sido desarrollada óptimamente. En el caso de las y los jóvenes, es necesario que éstos sean tomados más que como sujetos, como actores partícipes en la consulta, desarrollo y evaluación de la política, con esta estrategia es posible que se atenuarán en parte sus ansiedades al tiempo que se fomente en ellos y ellas una continua participación, imprescindible en la democracia, lo anterior abonaría a que la juventud hidrocálida luchara por construir sus proyectos de vida desde la participación política.
Las ideas vertidas nos demuestran que los jóvenes tienen nuevas incertidumbres, sueños y desafíos, asimismo da cuenta de que los actuales mecanismos de participación dentro de nuestro sistema democrático son rígidos y complicados. Una manera de mejorar la cultura política juvenil puede ser, entre muchas otras, a través de una apertura institucional en el ámbito de participación ciudadana, haciéndola más cercana, accesible y menos técnica en cuanto a su difusión, empleando modelos de comunicación aptos para las distintas redes sociales, de esta manera, será la juventud hidrocálida quienes sean los vigilantes y hacedores del futuro, porque al final de cuentas, los jóvenes son el presente y el porvenir de la nación.

Blanca Janeth Hernández Luévano
Estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.