25 Aniversario
Mariana Eréndira Ramírez VelázquezEn el argot electoral se suele decir, “ningún proceso es igual al anterior”, pues a pesar de que se podría decir que en cada proceso electoral realizamos la misma tarea –organizar elecciones–, a lo que nos referimos es que cada elección tiene su grado de complejidad distinto a las anteriores, siempre surgen circunstancias novedosas que se tienen que atender y resolver, reglas que se deben adecuar al ser progresivas, etc. Lo cierto es que esta frase nunca fue tan atinada como cuando tuvimos la tarea de organizar la elección a cargos del Poder Judicial Local, pues en definitiva fue una elección muy diferente a las anteriores, al ser la primera en su tipo.
Y así, nos enfrentamos a diversos retos, de los cuales, únicamente citaré algunos ejemplos: la gran cantidad de candidaturas para cada cargo, que representaba un problema para el diseño de las boletas; la geografía electoral, ya que las circunscripciones electorales no coincidían con las judiciales; deficiencias en la ley, derivadas de una reforma que no contempló especificaciones técnicas necesarias para llevar a cabo una elección de tal magnitud; el escrutinio y el cómputo, que anteriormente se realizaban en cada casilla –lo que distribuía el trabajo entre la ciudadanía–, ahora tendrían que hacerlo los órganos desconcentrados del Instituto, con un número reducido de personal; lo que nos lleva a otro reto, el limitado presupuesto, pues a pesar de que la reforma local tenía como consecuencia la realización de un proceso electoral, lo cierto es que no se contempló el gasto que esto conllevaría, por lo que los recursos dotados al Instituto para la elección, además de ser limitados, fueron racionados; y en un último momento, el conflicto con la calificación de elegibilidad de las candidaturas, que fue tema de diversas impugnaciones, tanto a nivel local como nacional.
Todo esto y más, tuvo que pasar por el Consejo General, ser discutido y aprobado para llevar a buen puerto la tarea encomendada. Debo decir que durante mis tres años que llevaba integrando el Consejo General, las decisiones nunca habían sido tan debatidas y repensadas como en este proceso, pues si bien se buscaba un fin común, que era la óptima ejecución del Proceso Electoral, también es cierto que, al no haber precedentes en la realización de una elección de este tipo, todo era novedoso y existían tantas propuestas como formas de pensar, lo que nos llevó a grandes y ricos debates. En retrospectiva, creo entender una de las razones, pues eran muy comunes las propuestas para hacer las cosas como siempre las hemos hecho, bajo el argumento de que eran procesos probados y que funcionaban; lo cierto es que muchos de esos procedimientos no funcionaban con esta nueva elección, pues como ya lo dije, era completamente diferente; nos costó trabajo, pero fuimos dándonos cuenta de que este proceso funcionaba diferente a los anteriores y, por lo tanto, debíamos planear y pensar diferente, salirnos de la caja.
Detrás de todos estos debates, acuerdos y desacuerdos, estaba el personal del Instituto (tanto de base, como temporal), que sería el que llevaría a cabo todas las acciones para materializar los trabajos proyectados. Y ahí es donde radica la grandeza de nuestro Instituto, pues se demostró que contamos con una estructura sólida y profesional, que funciona y da resultados óptimos, a pesar de… a pesar de reformas deficientes que no tomaron en cuenta aspectos técnicos, a pesar de inmensas lagunas legales, a pesar de contar con recursos limitados, lo que implicó una mayor carga de trabajo y jornadas extenuantes… y un largo etcétera de a pesares.
Fue así como –con todo lo anterior y a pesar de–, el Instituto entregó resultados a la ciudadanía, llevando a cabo una elección que cumplió con todos los principios que nos rigen como autoridad electoral: certeza, legalidad, imparcialidad, objetividad e imparcialidad.
Sin embargo, me queda un sabor agridulce de todo esto, pues es grato saber que se ejecutó exitosamente la encomienda e ir a casa con la satisfacción del deber cumplido; pero los pesares, las lagunas legales que dejaron lugar a interpretaciones a modo y la baja participación ciudadana, me dejan varias asignaturas pendientes, como las cuestiones de si el ejercicio fue realmente democrático, si abona a la vida democrática y a la división de poderes, si la ciudadanía está interesada en la implicación de esta y las futuras elecciones judiciales… Por el momento, no puedo responder; ya la historia lo juzgará.

Mariana Eréndira Ramírez Velázquez
Licenciada en Derecho por la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes. Maestrante en Estudios Electorales por la Universidad Nacional de San Martín, de Buenos Aires Argentina. Se desempeñó como abogada litigante desde el año 2008, colaborado en bufetes particulares como postulante en diversas materias, hasta noviembre del año 2021, que fue designada como Consejera del Consejo General del Instituto Estatal Electoral. También ostentó los cargos de Presidenta y Secretaria Técnica de diversos Consejos Municipales y Distritales del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes, en los años 2013, 2015, 2016, 2018, 2021.