25 Aniversario
Martín Barberena Cruz“La salud de la democracia, cualquiera que sea su tipo o su grado, depende de un mísero detalle técnico; su procedimiento electoral“
José Ortega y Gasset
Presento este artículo de opinión, laxo y quizá apresurado por los tiempos, pero obligado por la importancia del tema que nos envuelve. Lo electoral en México y el mundo trastoca todos los ámbitos de la vida pública. Por ello, cada vez que se elaboran nuevas reformas o códigos en la materia, la ciudadanía debe estar atenta.
La historia reciente demuestra que, por lo regular, quien manipula las leyes electorales termina pagando las consecuencias: las reformas hechas para favorecer al poder en turno suelen revertirse en su contra. Así ha ocurrido desde que se realizaron los primeros “manoseos” a las normas en la transición democrática. Hoy nos encontramos en otra andanada de cambios que apuntan a una embestida fuerte y profunda, que recuerda los tiempos del partido hegemónico que organizaba, contaba y decidía las elecciones, relegando a la ciudadanía al papel de simple espectadora. Como el chinito: “nomás milando”. Algo o mucho sabía Stalin cuando decía que “ no es quien vota lo que cuenta, si no quien cuenta los votos”.
El debate de la segunda vuelta electoral
En esta ocasión quiero referirme a la segunda vuelta electoral. La fórmula es sencilla: si ningún candidato o partido obtiene mayoría absoluta (50 % + 1) en la primera ronda, se convoca a una segunda votación entre los dos punteros, abriendo la puerta a alianzas y a una verdadera definición de mayorías.
En México las alianzas suelen formarse antes de la jornada electoral, como estrategia para competir frente a la fuerza dominante. Pero la segunda vuelta permitiría que las coaliciones se definieran de manera más clara y posterior a la primera ronda, dando al electorado la oportunidad de elegir entre dos proyectos con mayor legitimidad.
El temor de los partidos tradicionales
Durante décadas, PRI, PAN y en menor medida el PRD, se opusieron a incorporar la segunda vuelta, a pesar de que esta figura ha sido aplicada con éxito en buena parte de América Latina. Su resistencia se explicaba en el miedo a perder privilegios y a que se configuraran mayorías reales que los obligaran a negociar o a moderarse.
Desde 2018, México vive un fenómeno de mayorías encabezado por MORENA, que no es un partido en el sentido clásico, sino un movimiento de corte amplio y heterogéneo. Paradójicamente, MORENA se asemeja a la lógica del PRI hegemónico que tanto criticó: un “partido-movimiento” donde cabe todo, con un predominio que reduce a la mínima expresión a las oposiciones. Si a ello se suman fórmulas legales que dificultan la sobrevivencia de partidos pequeños, la conclusión es obvia. Enfrentamos una situación preocupante para la pluralidad y la democracia.
Una conquista ciudadana en riesgo
Durante décadas se debatió, se marchó y se luchó para lograr un sistema electoral creíble. El IFE fue un renacer en la confianza ciudadana, pues instauró reglas claras: la ciudadanía cuidaba, contaba y fiscalizaba los votos. Ese esfuerzo histórico no puede, ni debe diluirse. Perder esa conquista sería gravísimo.
Los números de la legitimidad en México
Si revisamos los resultados presidenciales desde 1988, encontramos que muy pocos presidentes han alcanzado mayoría absoluta:
1988 – Carlos Salinas de Gortari (PRI): 50.7 % con serias acusaciones de fraude electoral
1994 – Ernesto Zedillo (PRI): 48.7 % A raíz del asesinato de Luis Donaldo Colosio
2000 – Vicente Fox (PAN): 42.5 % Alternancia en el poder
2006 – Felipe Calderón (PAN): 35.9 % Acusación de Fraude
2012 – Enrique Peña Nieto (PRI): 38.2 Gasto extraordinario en campaña
2018 – Andrés Manuel López Obrador (MORENA): 53.1 % mayoría
2024 – Claudia Sheinbaum (MORENA): 59.8 % mayoría
Salvo 2018 y 2024, todos los presidentes desde 1988 llegaron al poder con porcentajes por debajo del 50 %, es decir, con legitimidad relativa. En casos como el de Calderón (2006), la diferencia de apenas 0.56 % sobre López Obrador abrió una crisis política y social severísima. La elección que desquebrajó al PRI en 1988 de Carlos Salinas de Gortari todavía la arrastramos. De hecho, la plataforma de MORENA se basa y consiste en el fraude electoral de ese año y sus efectos.
Conclusiones:
Lo que debe quedar claro es que los fraudes electorales —hayan existido o no— terminan por pagarse caro en la historia de las naciones. La enorme mayoría que hoy respalda a MORENA no se explica únicamente por el carisma y liderazgo de AMLO, sino también por la ineptitud, indiferencia, indolencia, displicencia, desgano, desdén y desprecio hacia las demandas ciudadanas, así como las quejas, los movimientos sociales, los reproches y las marchas, mostrados por los gobiernos del PRI, PAN y PRD, los cuales terminaron entretejiendo un entramado de intereses inconfesables.
En particular, el PAN —que en su momento se perfiló como la opción natural de cambio— nunca logró consolidarse como verdadera alternativa. En los hechos, se limitó a emular al PRI, utilizando sus estructuras y prácticas, reduciendo a sus gobernantes a simples “gerentes de plaza”. Sin oficio político, pero con abundantes beneficios económicos y sociales.
Hoy, aquel PRI vencedor, disciplinado y profesional, no es más que una caricatura compuesta por personajes inexpertos con ambiciones desmedidas, disputándose las migajas del partido. El PAN, por su parte, se encuentra descabezado, desorientado y confundido. Y del PRD, ya prácticamente desaparecido, no hay mucho más que decir.
Así pues, la única opción viable para unificar criterios y garantizar la alternancia en el poder radica en la instauración de la segunda vuelta electoral. De otro modo, todo indica que presenciaremos un “PRI recargado” a lo largo del siglo XXI.

Martín Barberena Cruz
Es licenciado en Derecho por la UAA con posgrado en la Universidad de Salamanca, España. Es columnista y editorialista de diversos medios masivos de comunicación y maestro de Derecho y Ciencia Política en universidades públicas y privadas. Fue consejero ciudadano (2004 - 2006) y desde hace veinte años se ha dedicado al sector social a través de la Fundación MA Barberena (Centro Ecológico Los Cuartos).